A la carrera y con la lengua fuera… Así comparezco a este estreno. Con la ilusión que me hace desde el momento en que se planteó la posibilidad de participar en este proyecto, y casi no llego, para mi vergüenza.

Y el caso es que siendo absoluta responsabilidad mía, no era del todo por mi culpa. Y así surgió la idea de estrenarme con este tema, que mira que no hay otros (la dialéctica en avances – retrocesos en derechos, estudios pseudo científicos sobre las causas de la homosexualidad o, qué sé yo, éste mundo tan poco tratado de la Católica, Apostólica y Romana Iglesia y sus beatíficos jerifaltes y sus cosas con el asunto gay. Ahí los dejo, a vuela pluma…)

Al lío: Jornadas que empiezan temprano por la mañana para darte un buen paseo hasta el trabajo, en las que empleas el descanso para comer para seguir trabajando (gratis) hasta después de la teórica hora de salida para luego enfrentarte al mismo recorrido de vuelta a casa pero más agotado aún hacen francamente difícil que en el escaso tiempo que resta de día puedas declinar el verbo conciliar. Éso si no es el caso de que lo que realmente concilies sean varios trabajos diferentes, con sus consecuentes desplazamientos añadidos, por ejemplo. Que variedades hay muchas…

Y es que… ¿de dónde salen las ganas y/o el tiempo para meterte en el gym, acudir a alguna actividad cultural, ver a amigos, tomarte algo, mantener en condiciones mínimamente saludables tu casa, salir de fiesta, aprovechar las oportunidades que te da un Grindr para desfogar, intentar mantener una relación de pareja homologable o tratar de encontrar la inspiración para participar en un proyecto como éste? Vamos, los aspectos, y alguno falta en el relato anterior, que conforman una vida personal aceptable…

Unido todo ello al hecho innegable, aunque se niegue y se refute hasta con supuestos datos, de que nos hemos empobrecido, de que nos han bajado los sueldos al tiempo que tenemos que pagar más por las cosas que necesitamos para vivir, y nos han subido los impuestos para pagar la deuda, no para cubrir nuestras necesidades. Lo que nos deja un resto menor para poder comprar tiempo, u ocio, o placer, o lo que nos apetezca para completar nuestra existencia.

Todo ello en un país con unos horarios laborales absurdos, donde se cree que lo importante es el tiempo que pasas instalado en tu lugar de trabajo, aunque no la claves, por encima de lo que puedas resolver y obtener en tu desempeño. Un país que además ha decidido que de ésta sale para volver a cometer los mismos errores que antes a la mínima que pueda a base del esfuerzo casi heroico de sus trabajadores.

Como resultado, una conciliación harto complicada entre nuestra actividad profesional y nuestra vida. Pero, ojo, dos cosas…

Una, que nos dicen que mejoramos, así que a ver si nos vamos enterando. Y si no lo hacemos, insistirán, hasta que nos lo creamos.

Dos. Que sí, que se puede. Que al final yo he llegado (después de haber hecho sonar todas las alarmas, cierto es). Y que a la postre todos somos capaces de hacer eso que he dado en llamar conciliar, aunque nos lo pongan jodidamente difícil.

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