Las novelas de Agatha Christie quizá no tengan la calidad literaria de un premio Nobel, pero son un catálogo esplendoroso de ideas, genio e inventiva que dan lugar a complejas tramas de crímenes, siempre sorprendentes. La buena señora del coronel Christie era perspicaz, ingeniosa, adelantada a su tiempo y muy imaginativa; tanto que vivió en primera persona un hecho digno del argumento de una de sus novelas cuando en Diciembre de 1926 desapareció misteriosamente. Su coche fue hallado junto a un lago, cerca de Guildford junto con un permiso de conducir caducado y ropa. El hecho fue portada de los periódicos, incluso se organizaron batidas de búsqueda y fue hallada once días después en un hotel en Harrogate donde se había inscrito con el nombre de una de las amantes de su marido. Aparentemente, Agatha Christie había perdido la memoria y le diagnosticaron una crisis nerviosa, sin embargo hay gente que opina que hizo todo aquello para avergonzar a su marido que le había pedido el divorcio. De hecho existe una película protagonizada por Vanessa Redgrave, Dustin Hoffmann y Timothy Dalton titulada “Agatha” (1979) dirigida por Michael Apted que fabula sobre este hecho: la película recrea a una Christie planificando su suicidio para culpar a la amante de su marido por «asesinato». Luego, un periodista estadounidense, interpretado por Hoffman, la sigue de cerca y detiene su plan.

Pero lo que más me interesa a mí de Agatha Christie es que -y esto es una suposición mía-, ella siempre se planteaba retos a la hora de escribir una nueva intriga policíaca. Yo trabajo mejor bajo presión, si tengo que superar un escollo se me ponen las meninges a trabajar de forma más eficaz y, dado cómo están planificadas muchas de sus novelas, me atrevo a suponer que a Agatha Christie también le pasaba esto. Yo creo que a veces se planteaba preguntas de difícil solución para contestarlas en sus obras.

(Aquí vienen SPOILERS, si no habéis leído las novelas de esta gran dama, saltaos este párrafo)

Por ejemplo: ¿Puedo escribir una intriga donde el asesino sea también la víctima? Sí y le salió la emocionante novela “Muerte en el Nilo”. ¿Y qué pasaría si todos los sospechosos fueran el asesino? Pues que escribió una de sus mejores historias “Asesinato en el Orient Express”. ¿Y puedo engañar al lector lo suficiente como para que el narrador de la historia sea también el asesino? Lo consiguió en dos ocasiones “El asesinato de Rogelio Ackroyd” y “Hacia Cero”. ¿Y si en vez de sólo una víctima todos los sospechosos murieran sin que hubiera (aparentemente) ningún asesino? De aquí le salió su obra maestra “Diez Negritos”. ¿Y si la víctima está muerta antes del asesinato? Y escribió “Muerte bajo el sol”. En fin, la mayor parte de sus mejores novelas obedecen a este tipo de retos intelectuales que demostraban no sólo la inventiva de Christie sino su enorme afán de superación para ofrecer al lector siempre nuevas tramas con las que poner a prueba su inteligencia.

La práctica totalidad de las novelas y cuentos cortos de Agatha Christie han sido llevadas al cine. Existen deliciosas películas protagonizadas por Hércules Poirot en los años 30 y Margareth Rutherford, la mejor Miss Marple de todas, protagonizó una serie de películas interpretando al personaje durante los sesenta. Pero a mí las adaptaciones de Christie que más me gustan son las que se hicieron durante los setenta y ochenta: lujosas películas de gran presupuesto plagadas de estrellas de primer orden que son buenas adaptaciones de las novelas y a la vez un reflejo suntuoso y excesivo del star system del momento, plagado de ese glamour rancio que tanto os gusta disfrutar a las maricas. Por eso quiero recomendaros mis preferidas, para que las veáis este verano entre pool party y pool party. Y empezaré por la peor para acabar con la mejor.


Diez negritos

Diez negritos

Diez Negritos”: es la mejor de las novelas de Agatha Christie pero sin embargo no se han realizado buenas adaptaciones cinematográficas hasta la fecha. Y eso que ha sido copiada hasta la saciedad, inauguró todo un subgénero (el de “lugar-sin-salida-en-el-que-los-protas-van-muriendo- uno-a-uno”) y ha inspirado cantidad de películas, series y novelas. Hasta se han hecho parodias como la desternillante “Un Cadáver a los postres” (1976) de Robert Moore que recomiendo también. Incluso la serie “Family Guy” tiene un capítulo inspirado en esta novela. También la ficción española ha sucumbido y en “Los Misterios de Laura” hay un doble capítulo de final de temporada que homenajea esta novela magistral. Esto por citar sólo tres ejemplos que se me ocurren pero los hay a cientos.

Se han hecho tres adaptaciones cinematográficas de “Diez Negritos” hasta ahora: en 1945, 1965 y 1974, pero por desgracia todas están muy por debajo de la calidad de la novela. Tal vez sea debido a que el final de la obra original es tan aterrador y desesperanzador que en ninguna de estas tres adaptaciones se han atrevido a llevarlo a cabo como es debido. Quizá la mejor de las tres sea la versión de 1945, por su director Rene Clair y por su protagonista Barry Fitzgerald, pero yo os recomiendo la versión de 1974 porque entra dentro de esas películas setenteras y excesivas de las que os hablaba; el cásting ya es una locura: Charles Aznavour, Oliver Reed, Elke Sommer, Richard Attenborough y hasta Teresa Gimpera (¡) junto a Orson Welles, del que sólo oímos la voz. Se trata de una de las adaptaciones más absurdas, no ya de las novelas de Agatha Christie, sino de toda la literatura universal, perpetrando flagrantes inexactitudes e interpretaciones erróneas del texto original, para hacerlo más “amable” y más a la moda de los setenta. Si a eso le añadimos la torpe realización del director Peter Collison pues ya está el asunto terminado.


El Espejo Roto

El Espejo Roto

El Espejo Roto” de Guy Hamilton (1980) esta es una adaptación mucho más digna, aunque peca de cierta lentitud. Eso sí, es absolutamente fiel a la novela, reproduciendo hasta los más ínfimos detalles, pero adaptándolo todo también a la moda hollywoodiense de finales de los setenta. Eso sí, el reparto merece absolutamente la pena porque todo son estrellonas de las buenas y además la mayoría en el ocaso de su carrera lo que hace que la película tenga un plus de interés kitsch: Ángela Lansbury (que hace de Miss Marple), Geraldine Chaplin, Tony Curtis, Rock Hudson, Kim Novak y sobre todo la maravillosa Elizabeth Taylor, interpretando a una diva insoportable y aterrada por los extraños acontecimientos que la acosan. Todos ellos nos ofrecen un recital de competitividad interpretativa verdaderamente enternecedor. Un festín.


Cita con la Muerte

Cita con la Muerte

Cita con la Muerte” de Michael Winner (1988) es una adaptación muy correcta, pero como la anterior quizá se llegue a hacer pelín aburrida. De todos modos es un gusto ver al gran Peter Ustinov interpretando al detective Poirot y a Lauren Bacall, acompañada por la siempre genial Piper Laurie o el excelso John Gielgud. Para más INRI tenemos a un maduro David Soul y a una Carrie Fisher post guerra de las galaxias en el momento, supongo yo, de más enganche a las drogas. O quizá estaba en trance de desengancharse y escribir “Postales desde el Filo”. A saber.


Muerte en el Nilo

Muerte en el Nilo

Muerte en el Nilo” de John Gullemin (1978). Aquí ya estamos hablando de cosas serias. No sólo por el reparto que incluye a las excelsas Bette Davis, Angela Lansbury, Maggie Smith, Jane Birkin, Lois Chiles y Mia Farrow, sino porque de nuevo es Peter Ustinov quien interpreta a Poirot y además le acompañan David Niven, George Kennedy y Jack Warden entre otros. Se trata de una adaptación llena de cierto humor–esos bailes de Angela Lansbury, esos modelitos… esa interpretación socarrona de la Davis- en la que podremos disfrutar de la banda sonora de Nino Rota. Pero es que encima el director es el excesivo y desvergonzado John Guillemin (había realizado dos años antes la adaptación de “King Kong”, en la que debutó Jessica Lange y sólo por eso deberíamos estarle eternamente agradecidos). Especializado en el cine de catástrofes (en 1974 dirigió “El Coloso en Llamas”, también plagada de estrellonas) no quiso perder la oportunidad de imprimir su sello a esta adaptación de Agatha Christie y nos regala una delirante secuencia en la que “alguien” intenta matar a otro tirándole literalmente un templo egipcio encima. Pasando por alto que las piedras que tiene que mover pesarían toneladas, la secuencia es un ejemplo más del tipo de “acción” setentera, a gusto de la época, muy alejada de las novelas victorianas y tranquilas de la Christie, donde los asesinatos se cometen de maneras elegantes, finas y serenas, con veneno, jeringuillas o pistolitas bruñidas con mangos de marfil.


Asesinato en el Orient Express

Asesinato en el Orient Express

Y llegamos ya a la mejor de las adaptaciones “Asesinato en el Orient Express” (1974) de Sydney Lumet. No sólo es el mejor director de todos sino que cuenta en su película con el reparto más espectacular de estrellas, algunas ya en decadencia y otras en la cúspide de su carrera: Sean Connery, Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Albert Finney, Jacqueline Bisset, Martin Balsam, John Gielgud, Anthony Perkins, Vanessa Redgrave, Rachel Roberts, Richard Widmark, Michael York, Jean Pierre Cassel y Wendy Hiller. Un reparto de lujo para una película magnífica, claustrofóbica pero luminosa, que cada vez que la pillo por la tele tengo que verla hasta el final y no me canso. Se trata también de una de las mejores novelas de la autora que la película no hace sino engrandecer por las enormes interpretaciones de todos y cada uno de sus intérpretes, por la planificación austera pero desasosegante y por la dirección de arte que nos traslada al auténtico Orient Express de los años 30 esta vez sin concesiones absurdas a la moda del momento.

A destacar la secuencia del crimen, con los planos de Lauren Bacall observando en el umbral y su expresión en el rostro… todos los intérpretes, repito, están magníficos pero quiero destacar, cómo no, a Ingrid Bergman que borda a una misionera tonta y frágil, papel que le valdría un Oscar, y a Rachel Roberts una eterna secundaria cuyo rostro rotundo siempre me ha recordado a la estrella de los ochenta Martha Plimpton a la que echo tanto de menos… Y mi preferida, la princesa Dragomiroff, una especie de momia con encajes negros interpretada por la veterana Wendy Hiller.

Si ya habéis visto “Asesinato en el Orient Express”, volvedla a ver; es falso lo que dice Woody Allen a propósito de HItchcock, como que las películas de suspense sólo se pueden ver una vez puesto que, cuando te sabes la trama, poco tienen que ofrecer. Lo que decía en concreto era sobre la maravillosa “Notorius” (1946) y era algo así como… “qué intriga, cada vez que vuelvo a ver a Cary Grant sacando a Ingrid Bergman de la casa me pregunto… ¿logrará salvarla?”  Pues yo disiento señor Allen, con todo el respecto que tengo a su genio, cada vez que veo una película de suspense, a pesar de que conozca el final, vuelvo a disfrutar de la intriga como un niño. Y eso pasa con la grandiosa “Asesinato en el Orient Express”.

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